Hoy me ha dado por pensar en cuanto ha cambiado mi vida en
tan poco tiempo. Comencé a escribir este blog cuando llevaba 11 meses de
búsqueda, continué narrando todos los periplos de los tratamientos de
fertilidad, y terminé narrando ese embarazo tan deseado que vino cuando menos
lo esperaba.
Ahora comienzo una nueva etapa, donde hablaré de mi pequeño,
de mi pollito… ¡de mi hijo! Suena tan grande esa palabra, porque este ser
pequeñito es mi hijo y yo soy su madre. Conseguí mi final feliz, el final que
buscaba, pero ahora comienza otro camino, el de disfrutar de mi maternidad, el
de educar a mi hijo y hacer de él una gran persona, el de aprovechar cada
momento a su lado porque el tiempo pasa volando y no quiero mirar atrás y pensar
que me perdí algo… ya siento pena cuando los días van pasando y voy viendo como
todas estas experiencias maravillosas que he vivido han quedado atrás, pensar
que no volverán me produce tristeza, pero también me anima saber que me quedan
por delante muchísimos momentos si cabe aun más maravillosos y que solo tengo
que estar muy atenta para no perdérmelos.
Bueno, dejando atrás estos pensamientos de mama novata os
cuento un poquito como fue el parto. No puedo extenderme demasiado porque todo
fue tan rápido y fácil que entrar en detallar mucho resultaría hasta aburrido.
El día anterior al parto, el viernes por la mañana, expulsé
el tapón mucoso y fue entonces cuando comencé a prepararme porque sabía que el
parto estaba cerca (llevaba dos días muy malos con dolores, sin poder dormir,
etc.). Durante el viernes tuve contracciones más frecuentes pero irregulares y
poco dolorosas. El viernes por la noche ya comenzaron a ser más frecuentes,
cada 7, 8, 10 minutos y como ya eran algo dolorosas no pude dormir en toda la
noche, además de que sabía que en cualquier momento se volverían regulares y
para ello tenía que estar atenta.
A las 8 de la mañana desperté a mi pareja, pues ya las tenía
cada 5 minutos (el dolor era todavía soportable).
Fuimos al hospital, y casi me devuelven para casa puesto que
las contracciones aunque eran regulares no eran fuertes, pero antes de darme el
alta me hicieron un tacto donde vieron que estaba ya casi ¡de 3 cm!. La doctora
no podía creérselo, y me dijo que parecía que iba rápido (y tanto que iba a ir
rápido). Viendo esto me ingresaron en preparto, donde después de una hora
caminando acabe por romper aguas, y en media horita más estaba lo suficientemente
dilataba para entrar en el paritorio.
Allí me preguntaron si quería epidural, a lo que por
supuesto conteste que si, ya que aunque llevaba muy bien las contracciones,
desde que rompí la bolsa se volvieron mucho más intensas.
La epidural me la pusieron sin apenas dolor, aunque con muy
malas maneras por parte de la matrona y anestesista que me obligaban a
colocarme en la postura con las contracciones, yo solo les pedía que esperaran
a que se pasara para moverme pero ellas debían de pensar que no me estaría
quieta cuando me picharan (no podían estar más equivocadas, puesto que con las
contracciones el cuerpo se me paralizaba), por lo que me amenazaron con no ponérmela.
Pasado este mal trago la epidural fue haciendo efecto poco a
poco, sobretodo del lado izquierdo que se durmió enseguida. El derecho tardo
más y tuvieron que colocarme sobre ese lado para que hiciera efecto.
A los 40 minutos de haberla puesto vino la anestesista a
preguntar si ya no tenía dolores, y efectivamente ya no los tenía, pero si
sentía presión en la vagina, lo cual me preocupaba. Se lo comenté tanto a la
anestesista como a la matrona pero no me hicieron mucho caso, ya que hace 40
minutos estaba todavía en 3 cm.
Como yo no paraba de decir que sentía presión finalmente la
matrona me hizo un tacto y cuál fue su sorpresa que ya estaba de 10 cm y
preparada para empujar. Me pidió que hiciera un par de pujos para ver si sabía
hacerlos y tras comprobar que los hacía perfectamente me dejó empujando sola en
la habitación con la ayuda de mi novio que me iba indicando cuando tenía que
empujar y como lo estaba haciendo (aunque con la epidural no sentía casi las
piernas si sabía cuando era el momento de empujar antes de que la maquina
mostrara la contracción… fue bonito e incluso divertido. Además para las que
tienen miedo sobre los pujos y la anestesia, decir que a mí no me interfirió
para nada a la hora de empujar, pude usar perfectamente todos mis músculos).
Aquí hubo momentos de risa, ya que a mí me daba miedo
empujar sola y que el niño saliera sin la presencia de la matrona. Esta se rió
diciendo que no pasaría nada y que si la cabeza salía que la avisáramos, yo me
quedé con los ojos como platos ¿¿¿¿cómo????
Creo que estuve empujando unos 20 minutos, cuando ya estuve
preparada para hacer los últimos pujos, ahora ya si, en compañía de la matrona
y la auxiliar. Creo que empuje unas 6 veces y aunque todo iba muy bien en el último
momento la matrona tuvo que hincarme el codo en el abdomen para ayudar al peque
a salir y después hacerme la episiotomía porque el desgarro estaba asegurado.
Yo ni sentía ni padecía, solo quería que mi niño saliera ya y que estuviera
perfecto, aunque yo quedara rajada de parte a parte, eso era lo último que me
importaba.
Mi chico estuvo mirando todo el expulsivo, y pudo ver como
asomaba el pelito del peque y finalmente como salía su cabeza. El pobre estuvo
llorando 20 minutos seguidos, casi llegó a la deshidratación.
Después de esto mi niño salió enseguida, y mi miedo de que
no llorara inmediatamente después de nacer se disipó, puesto que solo había
sacado la cabeza y ya estaba berreando. El niño venía con una vuelta de cordón,
pero por suerte no estaba muy apretado y como mi parto fue tan rápido el niño
no sufrió.
Fue maravilloso. Me lo pusieron encima y yo no podía creer
que mi milagro hubiese cobrado vida. Era un sueño.
En seguida le pusieron a mamar y cogió la teta con fuerza
(es un gran tragón) y ahí nos quedamos… mirándonos… adorándonos…
