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miércoles, 23 de enero de 2013

¡Me mata la incertidumbre!



Lo dicho, me mata la incertidumbre, y es que sea para bien o para mal ¡necesito saberlo ya!
Estos últimos días están siendo bastante duros, porque aunque intento mantenerme ocupada con el objetivo de que pase el tiempo lo más rápido posible, ya os podéis imaginar que ocurre. 

Este viernes tengo la beta, y como siempre aunque voy con pocas esperanzas, este mes tengo un pequeño claro de luz abierto. No me siento especialmente rara, los pechos apenas me duelen y tan solo siento dolor de ovarios de manera esporádica. Quizás solo sea por estadística, ya que la ginecóloga nos dijo que esta vez había más posibilidades de que fuera positivo que negativo, sumado a que desarrollaron dos folículos, las probabilidades eran muy buenas.
Es por esto y porque este mes no tengo test de embarazo sobrantes para adelantarme y prepararme para el resultado, que estoy realmente ansiosa por saber la noticia.

Como curiosidad os cuento que la prueba es el mismo día del cumple de mis 3 sobrinas… si 3!! Hace dos añitos mi hermano tuvo trillizas, pero estos milagritos vinieron de manera natural, lo cual fue bastante asombroso. El caso es que siempre pienso lo bonito que sería que me dieran la buena noticia en este día, porque probablemente lo recordaría toda la vida. 

Si finalmente es negativo, creo que lo llevaré peor que otros meses. Quizás porque aun sin quererlo ni pretenderlo, me he ilusionado más que las anteriores, y porque me da algo de miedo someterme a la Fecundación in vitro. Además se que si esta vez vuelve a ser que no, empezaré a rayarme aun más con pensamientos tipo “¿será que mi cuerpo no sabe hacer bebes? ¿será que no tengo óvulos o son muy malos? ¿o será que mi pareja y yo no somos compatibles?

Se que este tipo de pensamientos no favorecen en absoluto e intento quitármelos de la cabeza siempre que aparecen, pero hay días en los que me siento más flojita y no puedo evitar llorar pensando en esto. Además, creo que de vez en cuando debemos permitirnos llorar, frustrarnos, desahogarnos. No podemos pretender ser siempre fuertes. Este es un obstáculo duro en nuestra vida y no debemos sentirnos mal con nosotras mismas por dejarnos llevar de vez en cuando por la desesperación. 
Después de la tempestad llega la calma, y solo entonces, después de echar fuera todo lo que llevamos dentro podremos estar más tranquilas.
 
Mucho ánimo a todas las chicas que estáis con tratamientos, y a las que no también. Ojala pronto consigamos todas nuestro ansiado final feliz.

En unos días os contaré el resultado…..