Con tantas itis que nos han estado rondando no sé ni porque
me extraño de que esto haya pasado. El motivo de su ingreso (o mejor decir
nuestro ingreso) ha sido una neumonía.
5 días antes empezó con mucha tos y a dormir bastante peor
por lo que un martes le llevé al pediatra. Allí me dijeron que tenía
bronquiolitis… vaya!!! Otra vez!! Así que
comenzamos con los aerosoles. El nene se encontraba bastante bien, por lo que
yo me las prometía felices pensando que la habíamos cogido prontito y se iba a
recuperar divinamente.
El viernes ya empezó a recaer, aunque podía entrar dentro de
la normalidad puesto que dicen que las bronquiolitis el tercer o cuarto día
puede ser el peor. Pero el sábado el empeoramiento fue a más, así que el
domingo nada más levantarse y comprobar que seguía sintiéndose muy enfermo y
con algo de fiebre me fui a urgencias.
Han sido días terroríficos.
Al niño tuvieron que pincharle varias veces y recolocarle la
vía del suero y del antibiótico varias veces, los aerosoles eran una tortura
puesto que se pasaba los 15 minutos que duraban retorciéndose y gritando (¡y
eso cada 4 horas!), las gafas del oxigeno no las llevaba nada bien y tardó
mucho en acostumbrarse a llevarlas, y cuando por fin dejo de llorar por
llevarlas se las arrancaba y de nuevo tortura para ponérselas…
Todo esto y más sumado a que ha estado todos estos días sin
poder moverse. Como tenía que tener el oxigeno 24 horas y este estaba anclado a
la pared, solo podíamos poner al nene de la cuna a la silla, y de la silla al sillón
en nuestros brazos. Una tortura para un bebe tan pequeño que está empezando a
descubrir el mundo y no quiere parar (no os imagináis la alegría que le dio
volver a casa, fue muy bonito ver como corría detrás de sus juguetes).
Las noches no han sido mejor. Ya sabéis que nosotros
realizamos colecho, no tanto por gusto como por necesidad. Allí dormir en la
cuna era misión imposible pues se pensaba que aquello era un campo de juegos
(normal…era el único sitio donde podía moverse un poco por el día) así que el
carrito ha sido su cama improvisada. El problema era que al igual que en casa cada
hora se despertaba y tenía que cogerle darle el pecho, volverle a dejar en el
carro y estar un rato meneándole. Como yo tardo mínimo 20 minutos en volver a
conciliar el sueño os podéis imaginar lo que he dormido (súmale las visitas de
las enfermeras, las medicaciones, las maquinas que pitan porque dejan de
funcionar…).
En el hospital la paz, que es donde yo he estado, cuidan muy
poquito a los papás. Duermes en una butaca
super incómoda, no te dan ni un triste desayuno, no te dejan usar el
baño de la habitación y te dicen que vayas a uno compartido para toda la planta
(esto nos lo hemos pasado por el forro mi compañera de habitación y yo… ), te
ponen pegas para absolutamente todo, vamos… ¡INDIGNANTE!
Por suerte aunque entró muy malito, los antibióticos actuaron
rápido y en contra a las previsiones de los médicos solo estuvo 5 días.
Yo estaba loca por salir, y no solo por la incomodidad del hospital,
sino porque además estaba paranoica. El bebe con el que compartíamos habitación
(coincidimos en urgencias con ellos) entró bastante mejor, y le iban a dar el
alta a los 3 días de ingresar, pues ese
mismo día comenzó a ponerse muy malito, ¿resultado? Había pillado en el
hospital el virus más agresivo de la bronquiolitis (actualmente ellos siguen
ingresados). Os podréis imaginar ahora mis ganas locas por salir de allí.
Esta ha sido mi odisea… y solo me queda decir… ¡puñetero
invierno y puñeteros virus y bacterias!

