¡Un campeón! Eso es lo que es el embrioncito que finalmente
conseguimos. De 6 solo el consiguió salir hacia delante, y aunque no es de
primerísima calidad es bastante bueno. Un rayito de esperanza para estos 14
días que se presentan por delante.
Ayer me hicieron la transferencia y ¿Cómo me encuentro ahora? Pues si os digo la verdad, no siento
nada. Creo que al final, esta montaña rusa te va dejando tocada, y a mi cada
vez me cuesta más sentir nada. Os explico por qué. No puedo pensar en negativo porque me siento
fatal por no darle la más mínima oportunidad a ese campeón que ha luchado por
desarrollarse, y no puedo sentir esperanzas ni alegría porque después de tanto
tiempo, de tantos negativos, de tantos test de embarazo de una sola rayita, en
mi cabeza no cabe la posibilidad de salir embarazada.
Es por esto que os digo que no siento nada. En anteriores
ocasiones contaba los días para que llegara la prueba de embarazo, me observaba
cambios, en definitiva, no paraba de pensar en ello, ¿ahora? A veces hasta me
olvido de la medicación que me tengo que poner. No sé si esto es un mecanismo
de autodefensa o es un momento transitorio de paz después de días de tanta
angustia, pero lo cierto es que así lo llevo mejor. Algunos me dicen que tengo
que pensar en positivo, otros que no me haga ilusiones, pero lo cierto es que
no hago ni lo uno ni otro. Quizás a medida que se acerquen los días para saber
si mi campeón agarró empiece a ser diferente, pero mientras tanto disfrutaré
del presente, del día a día, y sobre todo de la tranquilidad en mi cabeza, en
mis pensamientos, porque para mi llegar a la tranferencia ha sido ya una gran victoria.
No quería terminar esta entrada sin daros las gracias de
corazón a todas las que me escribisteis en el anterior post. Gracias por los
ánimos, por las esperanzas, por la compresión. Escribir este blog me ayuda
mucho a encauzar mis sentimientos y desahogarme, pero comentarios como los
vuestros de hace un par de días son mil veces mejor. Gracias de nuevo. 



